Ayer la tragedia toco la ciudad donde vivo, una guardería donde estaban por lo menos 170 niños y 40 trabajadores ardió en llamas, vecinos y personas que pasaban por ahí, arriesgando su propia vida, se dieron a la tarea de sacar a todos los niños que pudieron.  Hasta el momento los informes dan un saldo rojo de 35 niños.

Ha sido una de las peores situaciones que le ha tocado vivir a la ciudad de Hermosillo, pero la unión se esta viendo, al escuchar las emotivas historias de valor y altruismo que se suscitan, desde jóvenes hasta adultos que se han dado la tarea de apartar de su tiempo para la ayuda a los necesitados, desde ofrecer su carro, celular, comida, agua, hasta una mano amiga, consuelo y un hombro para llorar la desgracia.

Tanto personas civiles como médicos generales, pediatras, psicólogos y guías espirituales – sin distinguir religiones – han acudido a los diferentes hospitales generales y privados para ayudar, además de los que han llegado de otros lugares de la república de igual manera para ofrecer sus servicios.

Esto no ha acabado, pues además de los chiquitines que ya nos han dejado todavía hay muchos que se encuentran en estado grave.

Pienso en los padres que perdieron a su hijo en tal horrible catástrofe y me siento terrible de solo imaginar que algo así le hubiera pasado a mi pequeñita, así que estaré orando por la paz y resignación en el corazón de estos padres y porque se tomen las medidas necesarias para que nunca suceda algo así en esta ciudad, estado y en ningún país.

 

Actualización: Desde el día de ayer (8 de Junio) se mantiene en 44 el número de niños fallecidos a causa de este terrible infortunio.