Nuestro bueno amigo Superboy_X me envió este escrito, claro que se lo pedí casi a fuerzas, jejeje, pero esa es otra historia) de lo que le pareció el cómic de El Cuervo escrito por James O’Barr.

Y sin más preámbulo aquí va.

Dice un dicho que cada persona es el arquitecto de su propio destino, pero, ¿qué sucede cuando son las circunstancias las que te marcan? ¿Qué sucede cuando son los acontecimientos los que te ponen en situaciones en las cuales jamás te hubieses imaginado estar?

Un día vas a perder todo lo que tienes. Nada te preparará para ese día. Ni la Fé… Ni la Religión… Nada.  Cuando alguien a quien Amas muere, te vacías…  Así sabes lo que es estar completamente solo.  Nunca olvidarás y nunca perdonarás.

Piensa en lo que tienes por perder.

Esta es la premisa principal de The Crow de James O’Barr.

Hace algunos años, 1994 para ser exactos, salía de una sala de cine que nada tiene que ver con las actuales (y la cuál por cierto ya ni existe), fascinado por las imágenes y secuencias de las que me sentí partícipe al ver la película de The Crow, en la que Brandon Lee era El Héroe (sí, así con Mayúscula).  Siempre he sido fan de los comics, pero ver esa película para mí fue algo espectacular, no tenía idea del mundo alrededor de El Cuervo, confesaré que la fui a ver sólo por el morbo de saber que en el rodaje de esa película había fallecido Brandon y el hecho de ser hijo de Bruce Lee, y el que su familia siempre estuvo rodeada de situaciones raras (pero eso es otro tema claro), el caso es que fui movido por el morbo adolescente.

Pero realmente fue un parteaguas, salí con sentimientos encontrados, un superhéroe no podía hacer algunas de las cosas que hacía El Héroe, creo que había leído solamente comics aprobados por la cosa esa reguladora de comics (Comics Code Authority), pero además, a ningún héroe le habían pasado tantas cosas malas en un momento (aún sabiendo de todo lo mal que las cosas le salían al “Amistoso Vecino” de Marvel).  Pero lo más importante es que un héroe, jamás tomaba una venganza así de personal, debía regirse por valores que lo diferenciaran de los villanos y no convertirse en un vigilante que camina en el delgado filo que separa al héroe del villano.  Así supe lo que era una Vendetta.  Pero aún faltaba más, aunque la película es una gran obra de culto, James O’Barr va más allá.

En la Novela Gráfica, James O’Barr nos plasma los sentimientos de una Vendetta, nos la desglosa y nos hace sentir eso, deseando que jamás los sintamos en carne propia o a quienes desafortunadamente han pasado por una experiencia similar, verse reflejados y sentir una catarsis sin necesidad realizar las mismas acciones que El Héroe.

En la Introducción a la novela gráfica, Jhon Bergin nos comenta que James O’Barr puso como ingrediente principal, toda la furia y coraje que alguien, que ha perdido todo, puede sentir, y nos da a entender que James padeció algo similar… cosa que no verificaré, me basta con leer y sentir la novela.

A través de unas líneas a veces duras, a veces demasiado firmes y a veces sutiles, tan sutiles que rayan en la expresión de una visión, James O’Barr nos hace sentir.  Así simplemente, Sentir.  El arte pasa a veces de una expresión de ensueño a una pesadilla frenética donde todos tus miedos pueden ser reales, te lo hace sentir.  Es más que una catarsis que siga un método de alivio, como de inicio, erróneamente parece querer dártelo a entender al nombrar la división de las partes de su obra: Pain, Fear, Irony, Despair, Death.

Es más que eso, aún cuando el camino marcado para la realización de esa vendetta sea ese, va más allá, falta un sentimiento… es algo que no se puede definir con una sola palabra, es el sentimiento que tienes cuando dices: ¿Por qué a mí?

¿A Quién se lo dirigimos? Llamémosle Dios o como gusten, es ese sentimiento de desesperación, de abandono, es el pensar que no puede existir esa energía celestial que rige el universo, porque es inconcebible que permitiese que sucedan cosas malas cuando alguien trata de ser recto y seguir “el buen camino”.  Creo que nos acercamos a definirlo… Injusticia.

Hay otro viejo dicho que dice: Dios no juega dados.

Si es así, y esa divinidad busca una finalidad mayor en todos los caminos, sólo hay una explicación para lo que le sucede a Eric y Shelley, alguien debía hacer algo y tener un motivo. ¿Qué móvil más fuerte para lograr un cambio?

En una Obra donde Eric siempre está confundido, donde es la víctima de unos sucesos que tuercen, trastocan y destruyen por completo su vida, sólo tiene un camino que seguir, la venganza.  Eric está muerto, regresó de la muerte para llevar a cabo su venganza.  Él es el medio por el cuál esa divinidad transfigurada en un cuervo, le dicta sus acciones.  Vemos un reflejo de una sociedad decadente, donde el Orden se ha fragmentado, reina el caos y los villanos, que no dudan en tomar lo que quieren y necesitan sin el menor esfuerzo, seguir el camino fácil y hacer cualquier cosa que les venga en gana, donde tomar es su modus vivendi, toman vidas, toman bienes, toman las calles en sus manos, es en ese reflejo, donde la única manera de regresar un orden temporal será por medio de Eric, The Crow, quien sin saberlo sigue hasta el fin último ese camino, es un no-vivo quien tiene que equilibrar la balanza, quien por medio de dolor, miedo, ironía, desesperación y muerte, viene a sanar a una sociedad que ya no cree en nada, y sin saberlo siembra algo más en esa sociedad decadente… siembra Esperanza.

The Crow, es una novela que a fuerza de hacerte sentir parte de esa podredumbre, tiene un fin último, una enseñanza, si es simplemente un reflejo de una sociedad que va perdiendo los valores y esa capacidad de asombro, donde ya no te preocupas por quien vive a tu lado, ¿Qué vas a hacer cuando el orden sucumba al caos?

Think About you have to Lose and Enjoy everything You Have.